Maternidad poética con una misma.

Maternidad poética con una misma.

Rosa Zaragoza empezó su vida profesional en 1984 para recuperar, después de cinco siglos de silencio, las únicas canciones judeo-catalanas que existían. Este hecho la condujo por todo Israel, NuevaYork y Europa. 
  Más tarde empezó a trabajar en el tema de las tres culturas de la península Ibérica: la judía, la musulmana y la cristiana, así como en las canciones espirituales de estas tres religiones. 
  Como cantautora, siempre ha interpretado las canciones en un ejercicio de recuperación de las raíces y la cultura mediterráneas.

 

Sé que hay más gente como yo que de niños sentían en el fondo de su corazón estar abandonados, a pesar de no estarlo.

 Dicen que son personas más felices las que saben  de niños que son queridos por sus padres, o sea,  no las personas queridas por sus padres sino las que lo saben, vaya matiz...

En mi caso particular había una especie de contradicción profunda entre una madre que no me dejaba subir a un árbol ni adentrarme en el mar, que tenía un  gran celo por mi físico, y al mismo tiempo, que tenía una absoluta indiferencia por mis sentimientos y en general por mi, la sensación era que yo no le importaba en absoluto.

Las consecuencias  en el tiempo fueron variadas y a cual peor pero se pueden resumir diciendo que no recibí el aprendizaje de quererme: yo no era digna de ser querida.

Sé que muchas personas que están leyendo esto se sienten identificadas, más o menos, y por eso me he decidido a escribirlo, después de hacer de madre a mis parejas y de la necesidad imperiosa de tener un hijo para hacerlo todo diferente a lo que se hizo conmigo, cosas que evidentemente no funcionaron para sanarme, a los 40 años empecé otro proceso, basado en la frase “si quieres que el resultado de un experimento sea diferente, no pongas los mismos ingredientes” Como el experimento que era mi vida no me gustaba nada, tomé tres decisiones (ingredientes).

 

1-Amor incondicional: que aunque mi madre no hiciera de madre, yo haría de hija, querer a pesar de no sentirte querida. La base de este proceso es acercarme a ella sin olvidarme del amor y respeto que yo merezco, así que en vez del ponerme a llorar después de hablar con ella y comprobar lo poco que cree en mi, opto por decirle que eso me duele y me gustaría que no lo pensara de mi y menos me lo dijera.

Es derribar poco a poco ese muro de cosas no dichas, diciéndolas, con cariño, eso a veces no lo consigo...

Sé que es un proceso difícil en el que aún estoy  pero ya veo que da  resultados insospechados.

Después de tres o cuatro años de proceso, al volver a su casa después de una visita de unos días en la mía me dijo ”verdad que esta vez lo he hecho bastante bien?”

 

 

2- Soledad: dejar de mirar de dentro a fuera, dejar de enamorarme de otras personas y empezar a mirar hacia mi misma, para ver como es mi naturaleza salvaje, o sea la Rosa auténtica, la que no tiene que ser de tal manera para que la amen , que no cumple las expectativas de nadie, para eso decidí no tener pareja durante unos años, siete concretamente, me centré en mi, que es algo que no había hecho nunca, estoy contentísima de la experiencia, aunque fue duro acostumbrarme a vivir sin relaciones sexuales, pero ver que la vida tiene momentos de gran intensidad, de éxtasis, de belleza sin que eso esté relacionado con un hombre, te da poder.

 

 3-Mi niña: hacer de madre a la niña que fui, porque aún soy ella.

Osea tomar conciencia de los momentos en que aún necesito el cariño protector, incondicional de una madre y en vez de exigirlo, inconscientemente, a mi pareja, (si, antes hacía eso)  permitirme una conexión conmigo misma en la que la Rosa adulta abraza a la Rosa  niña, y le dice todo lo que ésta necesita escuchar, la mima, la ayuda a descansar ,le dice palabras de amor, de ánimo.

 

Esa  es mi terapia y mi aprendizaje, ojalá le sirva a alguien

Acabo este escrito con una canción del CD  “La danza del Alma”