El Tesoro de una nación son sus NIÑOS Y NIÑAS.

El Tesoro de una nación son sus NIÑOS Y NIÑAS.

Hace ya un tiempo se detectó una enfermedad que se había extendido por varias zonas de Europa. Los dirigentes, aparentemente preocupados, empezaron a consultar a especialistas y a pensar sobre la mejor forma de hacer frente a esa enfermedad. Aquí, en nuestra región, también empezó un gran debate. Los políticos, como siempre, se iban echando la culpa sobre la falta de soluciones, en función de si estaban en la oposición o gobernando (aunque siempre coincidían en aprobar su aumento de sueldo). Las televisiones y las radios organizaban debates y tertulias sobre la situación de la enfermedad y proponían soluciones, y en los periódicos sacaban grandes reportajes. La gente que no tenía capacidad crítica ni personalidad propia, adoptaba una idea de alguien que se se había expresado en algún medio de comunicación y que coincidía en ideología con la suya. La situación llegó a ser muy crítica y los enfermos empezaron a recibir las críticas de los que pretendían curarles: “es que los enfermos de hoy en día ya no son lo que eran”, “no tienen interés en curarse”, “no les motiva ningún tratamiento médico”, “no sé dónde iremos a parar con estos enfermos”... Y el tipo de tratamiento que se imponía consistía en aumentar las horas que pasaban en hospitales, aumentar los medicamentos a tomarse, empezar a dedicarlos desde muy pequeños, etc. Pero incorporando estas soluciones la enfermedad no sólo no disminuía sino que aumentaba cada año un poquito más.

Parece obvio que si aplicas algo que no funciona debes dejar de aplicarlo, es decir, si, por ejemplo, golpeas un brazo roto con un martillo y ves que empeora lo lógico sería dejar de pegar. Pues no, aquí se seguía pegando cada vez más fuerte.

De pronto, un día, oí que había lugares en Europa en donde la enfermedad había disminuido notablemente hasta desaparecer casi por completo. Al enterarme de esta noticia me puse muy contento ya que si se había encontrado una solución ésta sería aplicada inmediatamente en nuestra región para disminuir esa plaga que no hacía más que aumentar. Mi desilusión fue gigantesca al oír a nuestros políticos reafirmarse en las medidas que estaban poniendo y que no surtían efecto. Entonces me pregunté: ¿por qué no quieren que se cure la gente y siguen aplicando los métodos tradicionales que no funcionan?, ¿por qué no adoptan alguna de las medidas que se saben eficaces para erradicar la enfermedad?, ¿qué interés puede haber para dejar que continúe la enfermedad?. Era evidente que a alguien le interesaba que nada cambiase porque sacaba provecho de esa situación. ¿Tal vez las farmacéuticas que vendían los medicamentos no querían ver reducidas sus ventas?

Al comprobar que nuestros dirigentes no tenían ningún interés en mejorar la salud pública decidí acercarme a familiares y amigos que estaban enfermos para contarles lo que sabía. Les explicaba los métodos curativos que funcionaban desde hacía ya un tiempo en otros países. Mi sorpresa ya fue mayúscula cuando empezaron a responderme con cara de resignación diciéndome frases del tipo: “bueno, puede ser que así se cure pero ¿qué dirá la gente si curo a mi hijo de esa forma?”, “sí, ya se curaría mi hija pero como aquí todos los niños están enfermos luego no se integraría socialmente”, “siempre hemos estado enfermos, yo mismo lo estuve y aquí me tienes enfermo pero contento”, “yo curaría a mi hija, pero mi familia y mis amigos no entenderían que la curase de esa forma”, “tengo miedo de curar a mi hijo porque sería diferente a todos los demás, sería el raro”.

La enfermedad se llama fracaso escolar y el lugar donde hay menos enfermos se llama Finlandia.

LOS DATOS

Del año 2000 al 2006 (último año del que se disponen datos) el fracaso escolar ha estado creciendo en España hasta alcanzar el 30,8%. El País Valenciano tiene el honor de contribuir a esa media con un 39,7%. Es la comunidad autónoma que lo ha hecho peor en los últimos 6 años pasando de un 25,3% el año 2000 a un 39,7% en el 2006. Por sexos, aquí, los hombres fracasan en un 48,1% y las mujeres en un 30,8%. Y lo peor ya no son esas cifras sino saber que los que no fracasan, es decir, los que se sacan la ESO, no salen muy bien parados en competencias básicas de las áreas instrumentales.

La escuela les parece algo que hay que sufrir y que no tiene mucho que ver con sus vidas. En general los alumnos no suelen entender bien lo que leen y son poco hábiles en aplicar las matemáticas a la resolución de problemas reales. Saben hacer torres de fracciones (en el mejor de los casos) pero son incapaces de calcular el ahorro que les supone un 25% de descuento en una rebaja. La mayoría de alumnos que aprueba salen apáticos, desmotivados, insatisfechos, infelices, incapaces de concentrarse en nada durante mucho tiempo, sin sentido de la responsabilidad, queriendo seguir estudiando alguna disciplina que les proporcione un trabajo bien remunerado y en el que se trabaje poco, sin capacidad de esfuerzo, con decisión propia nula y con opiniones estereotipadas sobre los temas de opinión. Son alumnos víctima, ya que estas actitudes no son debidas a la mutación de un gen el ser humano, sino generadas por el sistema económico, la escuela, y los medios de comunicación. Se necesitan personas que piensen que la felicidad llega a través del consumo, que se crean libres y con capacidad de elegir (por ejemplo, dándoles la posibilidad de votar cada 4 años), que ignoren que la base de su riqueza genera la muerte por hambre de 35.000 niñas y niños al día y si no lo ignoran que crean, por lo menos, que no pueden hacer nada por evitarlo. Personas que no sepan que detrás de cada oferta de móvil nuevo hay dos muertes debido a la forma de obtener el coltan (mineral imprescindible para su fabricación y de la mayoría de los componentes electrónicos). Personas que no sepan que las mismas empresas que distraen a nuestros hijos, como por ejemplo Disney, invierten en armamento que mata, entre otros, a los niños del tercer mundo. Se necesita gente sin ideales demasiado elevados, que contribuyan de vez en cuando con alguna ONG para limpiar su conciencia y que tenga miedo a perder su estatus. ¿Quién hace esto de maravilla?. La escuela. Si quieres un buen empleo has de estudiar (aunque no sirva de nada ni te interese eso que estás estudiando), si no quieres tener problemas has de obedecer (al profesor, al jefe …), si quieres aprobar haz primero lo que te mandan y luego lo que te guste. Definitivamente la escuela es un gran centro de domesticación a pesar de la buena voluntad con la que actúan algunos pocos maestros.

EL CASO DE FINLANDIA

A pesar de que el componente de domesticación está implícito en el concepto escuela, hay países como Finlandia en donde el nivel de fracaso escolar es muy bajo, los alumnos tienen buena opinión sobre sus escuelas y salen con unas capacidades desarrolladas que les permite desenvolverse mejor en la vida.

Según el informe PISA la diferencia entre chicos y chicas para adquirir conocimientos es de las más bajas, así como el impacto de las diferencias sociales sobre los resultados de los alumnos. Del mismo modo, las diferencias existentes entre sus escuelas son de las menores de todos los países evaluados. Tienen una gran confianza en sí mismos, en sus competencias y en su potencial de aprendizaje.

¿Qué diferencias hay entre los sistemas educativos de Finlandia y España para que uno tenga tan buenos resultados y el otro tan malos?. Algunas de estas diferencias son las siguientes:

En Finlandia es más importante el alumno que los conocimientos, en España al revés. Es habitual aquí en España oír a los maestros y profesores quejarse por las dificultades en terminar el temario, por lo que ha bajado el nivel de conocimientos, por tener alumnos que les impiden dar la clase, etc. Como no funciona reclaman más disciplina, más horas de estudio para los alumnos, separarlos en clases de burros y listos (eso sí, con el eufemismo apropiado, desdobles, PDC, diversificación, etc.) y otras medidas encaminadas a poder dar todo el currículo. Y cada vez funciona peor. En Finlandia el sistema tiene como prioridad al alumno y por lo tanto, como dice Paul Robert, director del colegio Nelson Mandela en Francia, la idea de que un alumno feliz, bien desarrollado, libre de progresar a su ritmo, adquirirá más fácilmente los conocimientos fundamentales no es una utopía de un pedagogo iluminado, es simplemente la idea que orienta la acción de todos. Finlandia respeta profundamente los conocimientos pero respeta aún más a los individuos que están en proceso de adquirirlos.

Las escuelas son sitios amables y pequeños (una media de 300-400 alumnos por colegio y 400-500 por instituto). Piensan que el alumno debe sentirse en la escuela como en su casa. En general los alumnos se sienten cómodos y a gusto en sus centros y los respetan. Aquí en España los colegios e institutos se van pareciendo cada vez más a cárceles, con muros de hormigón y vallas altas rodeándolos, o bien no tienen ni edificio y se les instalan unos barracones. Los patios son explanadas de hormigón con un par de porterías y canastas. El número de maestros por alumno también resulta revelador: en Finlandia de 3 a 6 años y para 21 niños hay dos profesores cualificados, un auxiliar de preescolar y un asistente, es decir 4 adultos. Aquí en España hay un adulto para 25 niños.

Los ritmos de aprendizaje se adaptan a los niños. El aprendizaje de la lectura empieza a los 7 años, pero pueden empezar un año antes si el niño muestra interés o un año después (a los 8 años) si se considera que no está todavía preparado. En España un niño que a los 8 años no lea está estigmatizado de por vida y considerado como alguien con necesidades educativas especiales. Sin embargo, España es uno de los países que saca peor nota en el informe PISA sobre comprensión lectora y Finlandia uno de los que saca mejores notas. En Finlandia no hay repetición de curso y la jornada escolar se divide en clases de 45 minutos con 15 minutos de descanso entre clase y clase donde los alumnos pueden salir, pasear, jugar, o simplemente descansar.

En Finlandia hay una detección precoz de las desventajas y desordenes del aprendizaje. En general cuando los problemas no son muy relevantes, se prefiere siempre la integración total del alumno; pero aquellos que muestran muchas dificultades en infantil pasan a primaria en clases especiales de 5 alumnos como máximo. A los recién llegados al país se les da un curso intensivo del idioma y cuentan con un ayudante bilingüe para cada 5 alumnos en todos los cursos. También hay, tanto en primaria como en secundaria, auxiliares de educación que colaboran con el profesor en la misma clase o se hace cargo de grupos reducidos.

En Finlandia no suele haber clases magistrales. Los alumnos están siempre activos, solos o en grupo. El profesor está para organizar y como un recurso más del aula. Al profesor se le exige crear continuamente situaciones de aprendizaje variadas y estimulantes en vez de imponer, con autoridad omnipotente, un conocimiento.

Allí los alumnos no son evaluados con notas hasta los 9 años y para la evaluación no se emplean cifras. Luego, hasta los 11, no se les vuelve a evaluar. Las notas expresadas en cifras aparecen por primera vez a los 13 años y van del 4 al 10. No existen ni el 3 ni el 2 ni el 1 ni el cero. Como dice Paul Robert, ¿qué interés puede haber en construir una escuela de la ignorancia?

El proceso de selección del profesorado finlandés es minucioso y no tiene nada que ver con el español. No voy a explicarlo detalladamente, pero basta decir para poder presentar la solicitud de ingreso a la facultad de educación el aspirante debe demostrar que ha tenido alguna experiencia trabajando con niños.

Esto es un breve esbozo de lo que se está haciendo en Finlandia. Leyendo artículos e informes sobre lo que allí se hace no he encontrado nada que se parezca a lo que hacemos aquí, más bien he encontrado cosas opuestas, que hacen que la educación en España sea deprimente, en el País Valenciano nefasta y que las soluciones que se piensan sean inútiles porque todas están hechas con el mismo patrón y no cambian nada de fondo: más carga lectiva, más disciplina, más hora de colegio, en definitiva más represión.