Carta de una madre a sus hijos.

Carta de una madre a sus hijos.

Enamorada de mis hijos

La primera mirada es el comienzo de una inolvidable historia de amor, llena también de desencuentros y momentos difíciles. Como todo flechazo se alimenta de palabras de amor a media voz, miradas llenas de sentimiento, caricias, besos, mimos, complicidad... Cada día es un nuevo comienzo, un volver a encontrarse y volver a reinventarse. Cada cambio una oportunidad de seguir avanzando, de seguir asombrándose, de seguir queriéndose. Porque a pesar de la impaciencia, la falta de tiempo y las dudas constantes tras cada error y paso en falso, está el inmenso amor que siento por vosotros. Siempre he sabido que debía daros todo de mí, que vuestra vida requiere de mi presencia, de mi voluntad, de mi tiempo... Mi máximo deseo, hoy por hoy, es veros felices, satisfechos y confiados a la vida que compartimos. Muchas veces no parece que sea posible; demasiados lloros de bebé, muchos lamentos en forma de pataleta, mucho tiempo transcurrido sin razones, sin un fin claro... Mamá suspira y siente que el pulso se le acelera, que el amargo sabor de la impotencia y la desesperación se presenta con demasiada frecuencia en unos días que deberían ser perfectos porque, ¿qué mayor felicidad puede haber que el comienzo de una vida? La realidad se impone y recuerda que la perfección no existe, que los días tan sólo tienen 24 horas, que el ser humano es imperfecto por naturaleza y que la felicidad es un momento, no una constante. Busco en vuestra cara las huellas de satisfacción, de confianza, de amor y me siento explotar cuando me sonríes, Mikel, cuando duermes a gusto en mi pecho, Jon. Mamá siempre os quiere, siente que su vida está en vuestras almas y que vuestra felicidad es la suya. Mamá sabe que su fin en esta vida es, desde que surgió el flechazo al veros el día que nacisteis, hacer todo lo posible para que seáis buenas personas, felices la mayor parte del tiempo, sabedoras del inmenso amor que siento por los dos... El latido de un corazón que escuchasteis durante nueve meses pero que os acompañará toda la vida se suaviza y se llena de amor cuando os ve, cuando os oye, cuando os siente. Nunca más volverá a latir sólo por mí, lo hace por vosotros también desde que entendió que no volvería a ser lo que era, desde que se multiplicó para acogeros, para daros lo mejor, para hacerse mayor y más fuerte.
Sois parte de mí, mi alma se mueve por el mundo a través de vosotros y queda expuesta de forma fácil... cuidad de ella, por favor. Os adoro, mis tesoros. Estar enamorada supone ser terriblemente vulnerable; vosotros sois mi debilidad.

 

Sonia Seoane